La reforma de la autonomÃa regional diferenciada ha causado un dolor de cabeza a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. A la fuerte oposición de izquierda se suman las crÃticas de los obispos, que dicen que la ley representa un «peligro mortal», ya que podrÃa dividir al paÃs en un norte próspero y un sur marginado. La ley, aprobada en junio, permite que sólo aquellas regiones que lo soliciten al Estado tengan autonomÃa en la gestión de hasta 23 áreas, entre ellas salud, educación y cultura.
La ley impulsada por La Liga fue aceptada por Meloni para consolidar su poder, aunque no era su preferencia. Esto hizo difÃcil explicarlo a los votantes con diferentes autonomÃas. Además, su socio de gobierno, Antonio Tajani, lÃder de Forza Italia, mantuvo su postura de que la reforma deberÃa incluir condiciones.
Forza Italia logró incluir la aprobación de Niveles Básicos de Beneficios (LEP), que garantizan un nivel mÃnimo de servicios públicos en todo el paÃs. El partido sostiene que la LEP no deberÃa estar vinculada a una autonomÃa regional diferenciada y que su implementación podrÃa reducir las marcadas diferencias regionales. El presidente de Calabria, Roberto Occhiuto, de Forza Italia, afirma que el 90% de la población del sur se opone a esta autonomÃa.
En respuesta, el centro izquierda anuncia un referéndum sobre la derogación de la ley, que exigirÃa la recogida de 500.000 firmas. La situación se complica por el rechazo de la Iglesia, que expresó su preocupación por la creación de «dos Italias». Mons. Francesco Savino, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), advirtió que si se aplica esta reforma, se corre el riesgo de crear un «salvaje oeste» para las regiones más pobres.
Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia y presidente de la CEI, también destacó la importancia de preservar la solidaridad entre regiones, subrayando que la unidad de la república debe prevalecer sobre la división.


