Escándalo: dinero de Sedesol para emprendedores en cuentas de políticos y funcionarios

Un estudio descubrió el mal uso de fondos públicos asignados inicialmente para promover el emprendimiento, a través de un sistema de corrupción que involucra a funcionarios, políticos y empresas inexistentes. Los recursos, que estaban destinados a asistir a microempresarios y emprendedores en situaciones difíciles, acabaron en cuentas privadas, sin alcanzar las metas fijadas en los programas sociales.

El sistema de desvío operaba mediante acuerdos entre instituciones gubernamentales y organizaciones no lucrativas, fundaciones y asociaciones civiles que pretendían dirigir los recursos a verdaderos beneficiarios. No obstante, muchas de estas entidades funcionaban como pantallas para justificar gastos falsos, aumentar presupuestos y generar facturas por servicios que jamás se llevaron a cabo.

Los informes analizados indican que una porción importante del presupuesto destinado al programa fue desviada hacia cuentas bancarias vinculadas con operadores políticos y negocios sin actividad comercial genuina. Las transacciones se llevaron a cabo bajo el pretexto de proporcionar apoyo técnico, capacitación, adquisición de materiales o entrega de capital inicial, pero en la mayoría de los casos no se realizaron seguimientos ni se obtuvieron resultados verificables.

En numerosas ocasiones, los controles internos y los reportes de la entidad responsable de implementar el programa identificaron irregularidades, tales como la ausencia de comprobantes, pagos duplicados, proyectos ficticios y beneficiarios que jamás recibieron los fondos. No obstante, las advertencias fueron desestimadas o explicadas por funcionarios de alto rango, quienes aprobaron los documentos y permitieron que los acuerdos con las organizaciones involucradas siguieran adelante.

El mismo esquema se reiteró a lo largo de diferentes años fiscales, con un constante desvío de fondos mediante diversas técnicas. Uno de los descubrimientos más importantes fue la adjudicación directa de millones de lempiras a organizaciones que no cumplían con las normativas legales o que se habían creado poco antes de establecer los acuerdos. En ciertas circunstancias, se descubrió el uso de nombres de personas fallecidas como supuestos beneficiarios.

Asimismo, una serie de contratos se asignaron sin pasar por un proceso de licitación abierto, beneficiándose de lagunas legales y decretos de emergencia que autorizaban métodos acelerados. Esta situación permitió que las resoluciones se adoptaran de manera discrecional, sin supervisión ciudadana ni una rendición de cuentas adecuada.

Las conexiones entre los responsables de las asociaciones beneficiadas y actores políticos activos sugieren un esquema de clientelismo político disfrazado de política social. Los recursos eran utilizados no solo para enriquecimiento ilícito, sino también para generar estructuras de poder territorial y movilización electoral, lo que profundiza el daño institucional.

Mientras tanto, los emprendedores reales, quienes debían ser el motor del desarrollo local y la recuperación económica, fueron abandonados. Muchos relatan que realizaron solicitudes, presentaron proyectos e incluso asistieron a capacitaciones, pero nunca recibieron el capital prometido. Otros aseguran que se les pidió firmar documentos para justificar entregas que jamás ocurrieron.

El asunto ha causado una gran indignación en varios sectores sociales, quienes demandan una exhaustiva investigación, la aclaración de responsabilidades y la restitución de los dineros públicos. Asimismo, ha reavivado la discusión acerca de la urgencia de modificar los sistemas de supervisión y control del gasto social, y de asegurar una mayor transparencia en la implementación de programas destinados a las personas más desfavorecidas.

Hasta el momento, no se han presentado cargos formales contra los presuntos implicados, aunque varias unidades investigadoras han comenzado a recopilar pruebas documentales y testimonios clave. Se espera que, con el avance de las pesquisas, se esclarezca el destino de los recursos y se establezcan responsabilidades individuales y administrativas.

Este nuevo escándalo de corrupción pone en tela de juicio la eficacia de los programas sociales y la voluntad política para combatir el desvío de recursos públicos. A medida que surgen más detalles, crece la presión para que las autoridades actúen con contundencia y aseguren que el dinero del Estado cumpla su función de servir al pueblo, y no a intereses particulares.

Por Régulo Fernández Comejo

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